Pueblos inventados
Kindel

Fue el mayor desplazamiento humano de la Península Ibérica del siglo XX. Entre 1945 y 1970, se levantaron trescientos pueblos en medio del vacío, que acogieron a sesenta mil familias —a las que se les exigió «un pasado limpio»— que huyendo de la miseria hubieron de empezar desde cero una nueva vida. Erigidos con prisa, con soluciones constructivas rápidas, en baldíos cercanos a los caudales de los grandes ríos, con nombres en honor del Caudillo, diseñados con una cuidada arquitectura vanguardista de racionalidad geométrica en la que destacan los proyectos de José Luis Fernández del Amo, espléndidamente fotografiados por Kindel (Joaquín del Palacio, 1905-1989).

Estos «pueblos alegres» encarnaban para el régimen «la esencia de la Nueva España» y fueron, a la vez, una oportunidad para una generación de nuevos arquitectos, de formación internacional, que volcaron todo su saber sobre este proyecto. El objetivo era llevar agua a la España seca, lo que implicó grandes movimientos de tierras y construcción de presas, canales, acueductos y acequias. Los nuevos colonos, bajo un férreo control de siembras y cosechas, vivieron contradictoriamente entre el sentimiento del forzado desarraigo de los lugares de origen abandonados y una nueva identidad impuesta e impostada «con solera, folklore y tradición propios».

«Vegaviana es una forma poética de decir: y si la transformación en regadío —hacha para la encina— barre el árbol, ahí está el nuevo pueblo dándole cobijo en sus calles, en un mutuo intercambio árbol-hombre de amor y subsistencia».

F. Sáenz de Oíza, El pueblo de Vegaviana, 1959

Kindel, Vegaviana, Cáceres, 1958

OTRAS OBRAS DE Kindel

KINDEL, San Isidro de Albatera, Alicante, 1953

KINDEL, Cañada de Agra, Albacete, 1962

KINDEL, Miraelrío, Jaén, 1964

A propósito de la colonización. 
La propaganda oficial

Marqués de Villa-Alcázar, España se prepara, 1949

El documental de propaganda realizado en 1949 por el Marqués de Villa-Alcázar, un ingeniero agrónomo aficionado a la cinematografía y volcado sobre la divulgación de la vida rural y los proyectos agrícolas de la Dictadura, era todo un canto oficial a la empresa de colonización de la España seca. «Es urgente que España se prepare para alimentar la avalancha de niños que Dios nos envía». Al hilo de las imágenes de edificación de viviendas, construcción de acequias y caminos, estudios químicos de las tierras y maquinaria titánica en acción, una voz en off alecciona al espectador sobre la prisa eficaz con que se erigieron los pueblos, sobre la alegría y prosperidad privilegiadas que espera a los colonos, que formarán «una población labradora con solera, folklore y tradición propios». Porque «el factor primordial de toda colonización es el hombre, para el que se construyen a ritmo creciente estos pueblos alegres donde su vida y la de sus familias alcance el nivel que impone el Movimiento Salvador de España».

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Paisajes para después de una guerra

1950–1970

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