Donde la ciudad pierde su nombre
Francesc Català-Roca
Sin dejar de interesarse nunca por los seres humanos, por sus realidades cotidianas, Francesc Català-Roca (1922-1988) capturó con frecuencia los descampados y baldíos de ciudades de la posguerra y su desolado desorden. Esos terrenos marginales del extrarradio urbano no parecen pertenecer a nadie, como si fuesen un territorio silvestre, sin autoridad, sin servicios, sin planificación, sin pavimento. Català-Roca captura esa frontera vacía, colocando la cámara con una eficacia y una singularidad que se convirtieron en la principal característica de su fotografía.
En sus solares, la ciudad deja de ser la ciudad, pero aún no es el campo. Dominan el abandono, la pobreza, los escombros. Su inutilidad les da cierto atractivo poético, en tanto que escenario de juegos infantiles, de encuentros amorosos, de crímenes y pendencias, de vacías tardes de domingo. Son «afueras» en el pleno sentido de la palabra, cargadas de indigencias, y son, al mismo tiempo, tesoros de una sociabilidad marginal, a veces sórdida y, sin embargo, solidaria.
Francesc Català-Roca, Solar con juegos, 1950
OTRAS OBRAS DE Francesc CatalÀ-Roca
Francesc Català-Roca, Solar con taxi, 1950
Francesc Català-Roca, Afueras de Barcelona, 1950
Francesc Català-Roca, Gitanilla, 1950
A propósito de descampados.
Erice, neorrealista
Víctor Erice, Los días perdidos, 1963
Una pareja se reencuentra en Madrid tras varios años sin verse. Mientras conversa sobre sus respectivas vidas, recorre las afueras de la ciudad: descampados inhóspitos, estaciones abandonadas y edificios que una constructora en ruinas abandonó sin terminar. En su paseo por el Camino del Pozo del Tío Raimundo o por la Colonia Niño Jesús el protagonista es la desolación de la ciudad, el clima de vacío y fracaso, tras los que se adivina la sordidez de cierta España de comienzos de los años 60.

















