Paraísos perdidos
José Ramón Ais
Los parques naturales son espacios institucionalizados que, con el fin de mantenerse en un supuesto estado originario, se brindan como una especie de paraíso, preservado por decreto y regulado por numerosas prohibiciones. La serie Parque Natural de José Ramón Ais (1971) es, a pesar de su título, una ficción: reúne vistas de entornos imaginarios, llenos de accidentes —escarpaduras, torrentes, cumbres alpinas, vergeles— construidos a partir de estereotipos culturales heredados, de clichés visuales y literarios que delatan nuestra idealizada relación cultural con el paisaje. No son lugares para habitar, sino para ser contemplados.
Cada una de sus imágenes está tratada como un encuadre clásico, una ventana abierta «a la renacentista», pero diseñado digitalmente a partir de un collage, en el que cada unos de los elementos, ya sea la colina, el lago, la roca o la nube, ha sido fotografiado separadamente y situado en un escenario ficticio, como en una maqueta. Superponiendo capas de sentido distintas, Ais entremezcla, en clave hermética, relatos mitológicos, hitos del paisajismo romántico, datos botánicos, referencias a lo sagrado y alusiones a la estética de lo sublime, en un hipercromatismo sensual, como de cuento de hadas, un fantástico Edén fabulosamente bello e intencionadamente Kitsch.
José Ramón Ais, Parque natural 5, 2014
OTRAS OBRAS DE José Ramón Ais
José Ramón Ais, Parque natural 1, 2014
José Ramón Ais, Parque natural 6, 2014
José Ramón Ais, Parque natural 11, 2014
A propósito de la bondad de la Naturaleza.
«Este agua es de Dios, Sancho»
Albert Serra, Honor de caballería, 2006
Como contrapunto imaginario al Edén ficticio de José Ramón Ais, el Quijote de Albert Serra ve la Naturaleza como un universo sublime y misterioso. En el filme, vemos a ambos protagonistas en esos momentos en que no hay aventuras ni batallas que librar y apenas sucede nada: andaduras fatigosas, tiempos vacíos, silencios prolongados. De fondo se oye el rumor del viento, la tormenta, los grillos. El Tiempo fluye de otro modo y el vínculo de amistad va creciendo. A veces hablan de espiritualidad, del honor de la caballería y de la vida cotidiana. Caminan días y noches, en el espacio abierto de la Naturaleza, sintiendo su sensualidad, su desamparo, su rutina, su magia sagrada, su temperatura. Don Quijote se bate con el vendaval, habla con los cielos, se admira del regalo divino del agua y ve en la vida natural una encarnación de la Edad de Oro, donde no existía el mal, todos se querían y nadie se enfadaba: «Lo tenemos que intentar, Sancho; los caballeros somos invencibles».
















