Un glaciar que agoniza
Javier Vallhonrat

Durante décadas Javier Vallhonrat (1953) ha explorado la experiencia de la alta montaña y los sentimientos de «fragilidad, pequeñez y privilegio» que acompañan a todo ascenso. Desde que descubrió una fotografía del glaciar de La Maladeta, en el Pirineo de Huesca, realizada en 1853 por el vizconde de Vigier, inició una relación íntima con este lugar único y vulnerable, imponente, la reserva de hielo más meridional de Europa, que va encogiéndose por las alteraciones climáticas. 

Allí ha realizado varias campañas fotográficas, viviendo a su lado, en una relación que él define como «afectiva y metafórica». Lo ve como un ser vivo, sobrecogedor y frágil, como un «animal malherido», como un anciano venerable. Su vivencia está hecha de silencio, del rítmico crujido de las pisadas en la nieve, del sonido de la propia respiración, de las ráfagas de viento. Lo recorre, lo observa, lo fotografía y lo acompaña amorosamente para conocer sus ritmos, sus texturas, sus alteraciones. El políptico aquí presentado pertenece a una serie en la que cada pieza está formada por cuatro tomas del encuentro del hielo y la roca, su «línea de sombra», realizadas desde una tienda instalada al borde del glaciar que hace de cámara negra.

Javier Vallhonrat, Políptico 4.06 (La sombra incisa), 2017

OTRAS OBRAS DE Javier Vallhonrat

Javier Vallhonrat, Políptico 9.03 (La sombra incisa), 2017

Javier Vallhonrat, Políptico 3.15 (La sombra incisa), 2017

Javier Vallhonrat, Políptico 2.23 (La sombra incisa), 2017

A propósito de vidas que desaparecen. 
Diario poético de un cineasta

Oskar Alegría, Zinzindurrunkarratz, 2023

El largo título de esta película es una suma de los nombres que daban los pastores navarros a los parajes que recorrían en su transhumancia, según sus sonidos: zinzin llamaban a un valle donde corre un viento de suave melodía, a una cueva la denominaban durrun por el eco de una piedra al caer en ella y kurruz-karratz era el nombre de una cumbre rocosa, por cómo golpeaba allí el rayo.

El cineasta, acompañado de un burro, Paolo, viaja por valles, canteras y caseríos, desde Artazu a Andimendi, para llevar el companaje al único pastor que queda en la comarca, siguiendo una ruta inventada que es, a su vez, una metáfora de la memoria. Una vieja cámara de super-8 casi inservible, sin sonido, registra, mediante imágenes mudas y sonidos ciegos, un mundo que está a punto de extinción: pastores ya ausentes, sonidos de antaño, vestigios de pistolas y requetés carlistas o del horror de las batallas libradas en el lugar, recuerdos de incendios, apariciones fantasmales, fotogramas amarillentos, gestos domésticos que ya nadie ejecuta.

Entrevista a Oskar Alegría en eitb, 2023

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Todas las formas de decir paisaje

1975–2025

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